8 de enero de 2010

Los niños de Majid Majidi


Hace ya algunos años descubrí por casualidad a un director de cine iraní que me fascinó por su forma magistral de trabajar con niños-actores en una cinta bellísima llamada en su distribución en nuestro país "Niños del paraíso" (1998). No confundir con la antológica cinta francesa de 1945 "Los niños del paraíso", de Marcel Carné. Pues bien, este director se llama Majid Majidi, y consiguió que su película fuera la primera de la cinematografía iraní en optar a los Oscars en la categoría de mejor película en lengua extranjera, en la edición de 1999.
Majidi tiene muy poca filmografía, la mayor parte, desgraciadamente, desconocida en nuestro país. Me voy a referir, por tanto, a tres de sus películas que lograron comercializarse en circuitos reducidos en estos últimos diez años y que son las únicas que he visto. Parece ser que sus dos últimos filmes: "The willow tree" (2005) y "The song of sparrows" (2008) todavía no se han estrenado en España. Lástima.
Si bien conocí a Majidi por su "Niños del paraíso", quedé rendida a sus pies al ver "El color del paraíso" (2002) y "Baran" (2001). Siempre trabaja con niños y los "utiliza" muy inteligentemente para que los adultos que vemos sus películas recuperemos, aunque sea por unos momentos esa capacidad de reconocer de nuevo esos valores que el mundo Occidental capitalista ha perdido en aras de un falso consumismo, del arribismo, el nihilismo, el egoismo y la insolidaridad. Majidi nos habla en sus películas a través de metáforas extraordinarias del compromiso, de saber valorar lo que se tiene, de empatía, de bondad, de mirar hacia dentro, de ver con el alma y no solo con los ojos, de compartir, de ayudar al prójimo no desde la utilidad sino desde el compromiso.
En definitiva, nos habla de cómo ser mejor personas. Su cine es puro humanismo, sus personajes son seres humanos que aún no han perdido su esencia y, si lo han hecho, son capaces de reconocer y retroceder. Sus películas son historias sencillas. "Niños del paraíso" cuenta el acontecer diario y las penalidades que dos hermanos han de sufrir al compartir unas zapatillas porque sus padres no disponen del dinero suficiente para comprar otras, o unos simples zapatitos. En estos días festivos de Navidad que acabamos de vivir en los que ves a los niños no valorar el aluvión de regalos que reciben, convendría que sus papás les pusieran a ver esta película para que entendieran cómo hay niños en otros lugares que tienen carencias y que eso les lleva a saber valorar lo que pueden costar las cosas. Y con esto no quiero decir que el cine de Majidi sea pedagógico, moralista, sensiblero o ñoño. Muy al contrario y esa es su virtud. El cine de Majid Majidi es cine en estado puro, ese que es capaz de retratar una realidad sin prejuicios y desde la autenticidad.

El niño ciego de "El color del paraíso" que ve a través de los ojos del corazón lo que su padre es incapaz de ver, aún teniendo visión, y la adolescente de "Baran" que en medio de la misería es capaz de crear poesía.
El cine de Majidi retrata la miseria y la pobreza económica pero también retrata la riqueza moral de unas personas que, aún no teniendo nada, conservan lo más preciado que puede tener un ser humano: alma.
Un último apunte, parece ser que "The Song of Sparrows" (La canción de los gorriones) recibió el Oso de Plata al Mejor Actor (Reza Naji) en el Festival de Berlín de 2008. ¿Cuándo la podremos ver en nuestro país?

29 de diciembre de 2009

Kristin Scott Thomas y el cine francés


Kristin Scott Thomas es una actriz británica de 49 años que en dos de sus últimas interpretaciones me ha conmovido especialmente. Esta actriz que el cine norteamericano no sabe sacar partido, borda papeles en el cine francés. Así que desde aquí pido que nos de la oportunidad de verla en más películas francesas y que se deje el show bussines americano para otras atrices con menos talento que el suyo.
Las interpretaciones a las que me refiero están incluidas en las películas "Hace mucho que te quiero" (2008) y "Partir" (2009). Entre una y otra ha realizado otros trabajos pero, reitero, cintas americanas de nulo interés. El público recordará a esta actriz por sus papeles en "El paciente inglés", "Cuatro bodas y un funeral" o "Alta sociedad", donde se desenvolvía correctamente sin que saliera del todo el talento interpretativo que tiene y que en las dos cintas francesas que he mencionado sí se manifiesta.


En "Hace mucho que te quiero" interpreta a una mujer que acaba de salir de la cárcel donde ha cumplido pena por un delito de asesinato perpetrado en su propio hijo. Hasta el final de la película no sabremos el secreto que encierra ese semblante suyo adusto, ajado, triste, sin esperanza. La relación que a lo largo del filme mantiene con su hermana irá vertebrando poco a poco una vida quebrada desde el momento que tomó una decisión dramática en el pasado. Kristin dota a su personaje Juliette, que así se llama esta mujer, de una credibilidad tal que un guión dificilísimo, la película, en definitiva, se sustenta totalmente en esta magnífica actriz no pudiéndote imaginar a otra en su lugar. Este registro dramático le va como anillo al dedo a Kristin Scott Thomas y es en "Partir" donde lo explota también de manera brillante aunque Suzanne, su personaje, esté viviendo otra situación diametralmente diferente. También en este caso la carga dramática del filme recae en ella y el resto de personajes son mera comparsa que cumple su función pero que pivotan continuamente alrededor de esta actriz que brilla con intensidad, esta mujer, Suzanne, que vive su pasión de forma libre y desenfrenada.
Personajes como éstos, profundos, intensos, fuertes, con una marcada personalidad. Estas son las mujeres que debería interpretar Kristin Scott Thomas y que se deje de "familias con clase", "compradoras compulsivas" o "secretos de familia", puajj.

23 de diciembre de 2009

Tonino Guerra, el poeta guionista


He vuelto a ver "Bab'Aziz. El sabio sufi", una película del tunecino Nacer Khemir que se estrenó hace un par de años y que en este final de 2009 me ha apetecido revisar como quien retoma un buen libro en busca de nuevas lecturas. Y en esas nuevas lecturas a las que aludo, y quien me lo iba a decir..., me he encontrado con la poesía de Tonino Guerra (Starcangelo di Romagna, 1920). Me explico. A Tonino Guerra lo conocía en su faceta de excepcional guionista de directores como Fellini, Antonioni, Angelopoulos, De Sica, Tarkovski o Rosi, y el propio Khemir, pero no sabía que tuviera obra poética. La pluma magistral de este autor italiano deja rastros bellísimos en el desierto que surcan el anciano Bab'Aziz y su nieta Ishtar, en la película de Khemir, pero también en su poesía.
A este autor le debemos los guiones magníficos de "Amarcord", "Y la nave va" o "Ginger y Fred", de Federico Fellini; "La noche de San Lorenzo" y "Kaos" de los Hermanos Taviani; "La noche" y "La aventura" de Antonioni; "Nostalgia" de Tarkovski y ésta "Bab'Aziz" de Nacer Khemir, uno de sus últimos trabajos. Es además de pintor, autor de relatos literarios, novelas y textos teatrales, aunque dicen los que le conocen bien que en realidad es un poeta que utiliza los diferentes lenguajes artísticos, el cine, la pintura, la narrativa, etcétera, para expresar su arte. El mismo escritor italiano Italo Calvino, que le admiraba extraordinariamente, llegó a decir que "Tonino Guerra lo transforma todo en relato y en poesía. Hay siempre un relato en cada uno de sus poemas. Hay siempre un poema en cada uno de sus relatos. Y poesía quiere decir una experiencia precisa, concreta, inesperada, con un sentimiento dentro y el acento de una voz que te habla». Tal como define Calvino la capacidad expresiva de Tonino Guerra, así son las películas que ha escrito y también las poesías que acabo de descubrir.
Este hombre de izquierdas, comprometido, que vivió las penurias de un campo de concentración en la Alemania nazi escribió a su salida "La mariposa", un poema que es una película comprimida en tan solo 33 palabras.
Contento lo que se dice contento
he estado muchas veces en la vida
pero más que nunca cuando me liberaron
en Alemania
que me puse a mirar una mariposa
sin ganas de comérmela.

18 de diciembre de 2009

Charlotte Rampling, la actriz de hielo


En una reciente entrevista con motivo del estreno hoy en España de una de sus últimas películas "Quelque chose a te dire" (Francia, 2008) (falta por estrenar la que es su última cinta "La femme invisible" (Francia, 2009), la actriz británica Charlotte Rampling reconoce estar mejor dotada para interpretar papeles de mujeres frías, un registro que en el que se encuentra segura y que repite una y otra vez reinventándose de nuevo en cada personaje. No lo había pensado pero es cierto, la mayor parte de los personajes que ha interpretado esta actriz, a la que he seguido en su trayectoria con especial interés, son mujeres gélidas, personajes esculpidos con hielo y difíciles de derretir aún con el fuego más abrasador.
Me estoy acordando ahora de la profesora de Universidad que se marcha a Haití de viaje de placer para disfrutar de los favores sexuales de un joven lugareño que comparte con otras mujeres en un hotel de lujo, en la película de Laurent Cantet "Vers le sud". Esta mujer representa en su frialdad y distanciamiento el Norte satisfecho y poderoso que, sin ningún tipo de escrúpulo, arrasa el Sur, miserable y necesitado, encarnado en los efebos que compran por unos dólares y tres comidas diarias. Es la misma frialdad con que aborda su propia existencia carente de motivación y de estímulos vitales. Charlotte Rampling resulta totalmente creíble en un papel, ya digo, durísimo. Esa misma mujer podía ser también la escritora carente de ideas y hastiada de su propia vida que se refugia en una casa de veraneo de la campiña francesa en busca de la inspiración en la película de FranÇois Ozon "Swimming pool". Y también podría ser la esposa desesperada por la desaparición de su marido en otra película de Ozon, la titulada "Sous le sable". Mujeres devoradas por sus propios fantasmas y que se defienden de ellas mismas bajo ese manto de hielo.
Aunque en sus últimas películas, en su regreso a la gran pantalla tras la depresión nerviosa que le alejó de los cines durante quince años, está trabajando con directores jóvenes, realizadores franceses, generalmente, que la buscan intencionadamente, Charlotte Rampling ha rodado a las órdenes de algunos pesos pesados del celuloide. Con Woody Allen hizo "Stardust Memories" (1980) y con Luchino Visconti rodó en el año 1969 "La caída de los Dioses".

La realizadora italiana Liliana Cavani le dio la oportunidad de interpretar a Lucia Atherton y que quedara en nuestra retina una imagen suya asociada a su interpretación de la joven judía que mantiene una "peculiar" relación con su torturador nazi, en uno de sus papeles más osados. A la pregunta que le han hecho en un periódico recientemente sobre si "elegiría hoy un proyecto tan extremo como Portero de noche, por el que se la sigue recordando en todo el mundo?", ella contesta:
¿A mi edad? No lo sé, puede que sí. Sigo eligiendo con el mismo criterio, aunque con los cambios que implica la edad. Mis impulsos interiores siguen siendo idénticos, aunque en una versión más calmada. Me sigue gustando el riesgo, pero tengo menos ganas de cambiar el mundo o de enfrentarme a obstáculos de forma permanente. Soy algo menos aventurera, excepto cuando llega a mis manos un proyecto realmente interesante.
Me gustaría saber cuantos de los proyectos que le han llegado a sus manos en todos estos años de trayectoria profesional, ha encontrado verdaderamente interesantes. Seguramente muchos menos de los que le hubiera gustado. Y eso el Cine se lo pierde. Porque esta actriz de hielo ha renacido del glaciar para goce de cuantos la seguimos. Como ella misma dice "renacimiento es una palabra muy bonita. Un artista siempre aspira a renacer varias veces en la vida".

30 de septiembre de 2009

Miradas que hablan


Hacía tiempo que no disfrutaba de una manera tan gozosa de la magia del cine, esa suerte de catarsis que te permite reconciliarte con el género humano a través de las imágenes y las palabras y, en esta ocasión especialmente, a través de las miradas, de los ojos de estos maravillosos actores, Ricardo Darín y Soledad Villamil, en estado de gracia absoluta en manos del argentino Juan José Campanella. “El secreto de sus ojos” es una extraordinaria película cuyo guión costó a Campanella año y medio de trabajo en la adaptación de la novela “La pregunta de sus ojos” (Alfaguara, 2009) del también argentino Eduardo Sacheri, y que fue realizado conjuntamente y bajo la supervisión del escritor.

El resultado es una obra inclasificable desde el punto de vista cinematográfico, donde se armonizan géneros de una forma a penas perceptible, al tiempo, que se desarrolla una historia con una solidez argumental tal, y de un calibre humano tan elevado que, días después, los espíritus sensibles y capaces de recoger el testigo, todavía rumian en espera de encontrar respuestas. Es decir, Campanella logra en dos horas escasas que reflexionemos sobre nuestros propios miedos, el vacío existencial, la amistad, el amor, la falta de libertad, la justicia, la locura…. . Creo que el éxito de Campanella en películas como “El hijo de la novia”, y me atrevo a vaticinar la que ahora nos ocupa, radica en esa capacidad de empatía que crea en el espectador al verse reflejado en alguna de las situaciones de sus personajes. Como se suele decir de forma un tanto cursi: nos toca la fibra sensible, esa que en determinados momentos tenemos tan encallecida a golpes de realidad diaria, esa que tenemos tan adormecida porque preferimos mirar hacia otro lado y no mirar hacia dentro.

Nos habla Campanella de los recuerdos, de la memoria, de cómo recuperar esa parcela tan íntima, como único camino para curar heridas y enfrentarse en condiciones a un futuro en ciernes. Y nos habla de las pasiones, las que siempre perduran y que son el motor de nuestra existencia ….Penetra en la mirada de sus personajes y sondea más allá de sus ojos en una aventura fascinante que comparte con el espectador. Le he escuchado decir refiriéndose a su película que, en realidad, hay dos películas: una al escuchar los diálogos, y otra al observar los ojos de los personajes, sus miradas…..Y de ahí ese fascinante título: “El secreto de sus ojos”, por que todos y cada uno de los personajes guardan un secreto más allá de lo que manifiestan o dicen. ¿Os suena de algo?

Y vuelvo al principio de mi escrito cuando decía que el cine es pura magia, una catarsis maravillosa que en manos de grandes autores se convierte en espectáculo. Campanella ha comentado que las posibilidades del primer plano en el cine, le han permitido rastrear esas miradas de sus personajes y seguirlas hasta descubrir el secreto que encierran. El cine, diría yo, y añadiría, ese extraordinario trabajo actoral por parte de Ricardo Darín y Soledad Villamil, pura química.

Por último referirme al injusto trato dado a la película en el reciente Festival de San Sebastián donde competía en sección oficial. No se ha llevado ningún premio. Esperemos que en su carrera hacia el Oscar como representante de Argentina en la categoría de mejor película extranjera, tenga mejor suerte ya que se la merece.

16 de marzo de 2009

"A ciegas": Saramago nos alumbra


“Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, Ciegos que ven, Ciegos que, viendo, no ven”. José Saramago “Ensayo sobre la ceguera”.

La novela del Nóbel, José Saramago, “Ensayo sobre la ceguera”, es durísima, una metáfora soberbia sobre la condición humana: sus miserias más obscenas y degradantes y también, como no, sus glorias más sublimes. Esta historia en la que la humanidad se va quedando ciega paulatinamente como consecuencia del miedo, hasta convertirse nuestro mundo en un auténtico caos, donde los instintos más primitivos afloran para conseguir un trozo de pan, está narrada con la fuerza y el dramatismo que esta hipotética situación requiere y, sobre todo, con la valentía que solo los lúcidos hombres como Saramago saben imprimir al cuestionar un sistema depredador que merma nuestra capacidad de acción y nos convierte en “ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven”. Tal y como recoge uno de los últimos párrafos de esta magnífica novela de Saramago que, ahora, el cineasta brasileño Fernando Meirelles ha llevado a la gran pantalla con el título en español “A ciegas”.

No voy a entrar en valorar las obvias diferencias entre la novela y la película. Son lenguajes, registros, totalmente diferentes y, por tanto, deben ser tratadas como dos obras con entidad propia. Pero, desde luego, y en mi caso, que leí la novela antes de ver la película, ésta última se me antoja a medio gas a pesar de que he leído alguna entrevista realizada a Meirelles en la que declaraba que en el montaje final rebajó el tono y el crudo contenido de algunos momentos del libro. La fuerza narrativa de las palabras de Saramago y la dureza de determinados pasajes quedan muy, pero que muy suavizadas y diluidos en la película y, aún así, en su pase en Estados Unidos y otros países muchos espectadores abandonaban la sala de proyección al no soportar su visionado.

De cualquier manera, la adaptación cinematográfica de Meirelles me parece correctísima, realizada con un respecto inmenso a la obra del Nóbel, y que logra imprimir al relato ese aspecto turbador e inquietante que destilan las páginas del libro a través de una puesta en escena en la que, en ocasiones, las figuras se difuminan en un halo de claridad para que sea el propio espectador el que experimente como esa enfermedad contagiosa llamada “ceguera blanca”, también nos puede afectar si es que no estamos afectados ya….

Las personas que se contagian a causa del miedo, y que al final se quedan ciegas, son aisladas en un antiguo manicomio. Pronto, los más fuertes y poderosos impondrán sus leyes y dominarán al resto. Los ciegos sometidos se verán abocados a perder su dignidad si quieren conseguir comida. La única persona que ve, que no está ciega, la mujer del médico, romperá las reglas en un momento dado y provocará una guerra en el manicomio. Por su parte, la religión, las imágenes de las Iglesias, tienen vendas en los ojos para no ver lo que está sucediendo. ¿A que es un argumento que no nos resulta ajeno? Y, por tanto, la novela de Saramago, la película de Meirelles, son incómodas, se cuelan en los túneles más oscuros de nuestra conciencia y pellizcan nuestra sensibilidad hasta hacernos callo. Por eso me gusta la novela de Saramago y, por igual motivo, me ha gustado aunque en menor medida la película. Obras para reflexionar, para alumbrar, para que veamos, para sacarnos de esa ceguera en la que estamos sumidos…”Ciegos que, viendo, no ven…”.

22 de enero de 2009

UNA "CLASE” MAGISTRAL SOBRE EL FRACASO


La sugestiva producción francesa de Laurent Cantet “Entre les murs” (traducida al castellano y estrenada bajo el anodino nombre de “La clase”) ha conseguido situarse hoy entre las candidatas al oscar a la mejor película extranjera en la próxima edición de los Oscars que se celebrará el 22 de febrero. Me congratulo especialmente con la decisión, al igual que lo hiciera en su día con la Palma de Oro que consiguió la película en la última edición del festival de Cannes, rompiendo así el maleficio que se cernía sobre la cinematografía francesa que no conseguía durante años situarse como ganadora en uno de sus festivales más prestigiosos.
Y digo que me congratulo por que la película “Entre les murs” me parece un sano y políticamente incorrecto ejercicio de Literatura, en primer lugar, y Cine, en segundo, que sabe echar un vistazo a la realidad circundante sin temor y a pecho descubierto. Y en este caso le ha tocado el turno a la Educación. Cantet, al que ya se le conoce como el Ken Loach francés, ha sabido hurgar en la llaga llevando el texto de François Bégaudeau a la pantalla, colándose en una clase de Lengua de unos chavales de Secundaria, en un Instituto de la periferia de Paris. Cantet nos permite que nos colemos también con él en esta clase y conozcamos el día a día de estos chavales y su profesor durante un curso escolar. Vemos los problemas con los que se enfrentan los docentes en la actualidad a través de los ojos de su protagonista, Bégaudeau, autor del libro en el que se basa la película, guionista, y también actor principal de la cinta. Es decir, él mismo se reinterpreta y lo hace francamente muy bien.
A lo largo del metraje de la película le tomamos el pulso en su batalla por enseñar a unos chicos desencantados y desmotivados, con los que intenta establecer códigos comunicativos y de aprendizaje que permanentemente fracasan, y que le llevan en muchos momentos a enfrentamientos indeseables. Los personajes de Cantet siempre han sido unos soñadores, unos idealistas luchadores (recuerdo “Recursos humanos”, su anterior película, el joven licenciado que accede a su primer puesto de trabajo y lucha por cambiar las situaciones injustas que se dan en su empresa). Y también es así el profesor de “Entre les murs”, un hombre que no se rinde y que constantemente y a diario entra en clase para mantener una dura batalla al querer que estos chavales aprendan. “Entre les murs” es una clase magistral sobre el fracaso y de la que surgen multitud de preguntas sin respuesta sobre el sistema educativo francés, en este caso, pero bajo mi punto de vista extrapolable a España, también. En este mundo globalizado, los problemas son comunes.
Me parece francamente demoledora y descorazonadora una de las escenas finales de la cinta en la que una de sus alumnas, reconoce no haber aprendido nada en todo el curso y le dice textualmente que no sabe para que sirve todo lo que se le enseña. Ya digo, son muchas las preguntas que plantea esta película: ¿cuáles deberían ser las funciones de la escuela en estos momentos? ¿cómo combatir la falta de motivación en los chavales a la hora de aprender y asumir responsabilidades?...., etcétera, etcétera.. pero la película de Cantet es mucho más. El microcosmos que recrea este director entre los muros de un instituto parisino es nuestro mundo real en el que se establecen también juegos de poder; la comunicación es, en ocasiones, imposible y se dan las diferencias raciales, económicas, interpersonales y emocionales, generadoras de problemas y conflictos. En definitiva, la escuela como parábola, la escuela como reflejo de una sociedad fracasada.